Viajes felices con niños por Europa

Viajes felices con niños por Europa

¿Preparando el viaje feliz y perfecto?

Para qué nos vamos a engañar. Ni todo es de color de rosa ni te librarás al 100% de alguna rabieta de esas épicas fuera del país. De esos berrinches que te hacen pensar aquello de “tierra trágame” qué van a pensar de los españoles que siempre andamos dando la nota…

Pues sí amigos, los viajes con niños tienen cosas geniales y cosas como esta. Pues claro. Básicamente porque las rabietas suelen ser las mismas en España que en la República Checa. Qué le vamos a hacer.

Pero tranquilos que para todo hay solución. Aquí mi especial decálogo para minimizar los malos rollos en los viajes con niños.

  • Empecemos por el avión: Tres o cuatro horas en un espacio reducido no es el sueño de un niño. Y peor si le añadimos volar con compañías de bajo coste en donde estirar las piernas es un lujo asiático. Por ello, lleva siempre algún snack (sí, asume que un estómago agradecido es menos quejoso) de esos que normalmente no les das nunca. Chocolate y golosinas en general. La tablet, ese objeto del diablo, está permitido en los viajes.  ¿Que les atonta un poco? ¡Mejor! ya verás qué viaje más bueno hacen…

Con la tablet en el vuelo a Dublin

Conociendo al piloto que nos llevó a Dinamarca

  • Un pequeña metirijilla que puede ser verdad: “Si te portas bien durante el vuelo, puede ser que te dejen ver la cabina y conocer al piloto”. Aunque no sea verdad, a nosotros nos pasó en un vuelo a Copenhague. No solo entraron en cabina sino que el piloto les dio una cuantas explicaciones pertinentes sobre volar y nos pudimos hacer unas fotos con él. Y si no ocurre, míralo por el lado bueno, los niños se han portado de lujo!
  • Una vez llegas a destino, intenta que el traslado desde el aeropuerto al hotel o apartamento sea una aventura. A mi hijo le das un tren o un tranvía y lo flipa. Pero lo montas en un coche y no dura despierto un nanosegundo.

En la estación de King Cross en Londres

A punto de tomar el tren a Howth en Irlanda

En el AVE de camino al aeropuerto

A bordo de una batea en Cambridge

  •  Alterna planes: Sí, no nos engañemos. Queremos llevar a los museos a nuestros hijos. Ya que nos gastamos la pasta en viajar, por lo menos que aprendan algo ¿no? Muy bien, perfecto, pero alterna el Louvre con Eurodisney y compensa un poco. No se puede mantener el síndrome de Stendhal todo el viaje.

Museo vikingo de Roskilde (Dinamarca)

Visitando el Museo del Louvre

Legoland (Dinamarca)

  •  ¿Un Mac Donals? ¿Por qué no?: Sabemos que en tu casa se come brócoli dos veces por semana y que ni muerta-o les das azúcar a tus hijos. Pero estás en Dinamarca y la comida nacional  es el “Smorrebrod” que viene siendo pan negro untado de mantequilla con pescado (normalmente arenques). Apetecible ¿eh? Pues eso, que no perderás el carnet de madre por pasarte por un fast food.
  • Señalar está bien: Recuerda cuando tu hijo señala con el dedo a ese señor de la cola del súper diciendo: Mamá, y ¿Porqué no le sale el pelo en la cabeza a ese hombre? y ¿tú te quieres volatilizar?, pues olvídalo y dile a tu hijo que nada más aterrizar en el país de destino, lo señale todo como muestra inequívoca de un interés cultural desmedido por todo lo que ve a su alrededor. Los semáforos, los coches, en los museos… Pasarás de tener un niño maleducado en España a un niño con una curiosidad cultural exacerbada.

Emulando a Cristóbal Colón mientras señala América

  • Educa fuera lo que no consigues en España. Tus vacaciones en el extranjero son un buen momento para educar a tus hijos en aquellas tareas en las que ha sido imposible hasta la fecha. Asúmelo, fuera de España, la gente no grita. Esto es tipycal spanish y solo se entiende aquí. Viajar a un país nórdico es un momento ideal para llevarte a un hijo tipo cabrero del monte y traerte un gentelman refinado que habla por lo bajini. Simplemente has de vivir en tus propias carnes que te echen de un vagón de tren porque tus hijos están dando la nota. Hay cosas que nunca se olvidan…

Junto a la Guardia Real de Copenhague

  • Huye en plan cobarde y pelillos a la mar: En el museo, las cosas, por norma general, no se tocan. Por eso, normalmente, las piezas suelen estar dentro de urnas acristaladas. Pero existen museos en donde el respeto por el artista y su obra se da por hecho y no es necesario cristal que lo separe de las manazas. Cuando mi hijo pegó un salto al techo y balanceó una de esas obras de arte colgantes del Tate Museum de Londres, lo primero que hice fue mirar alrededor. Nadie por aquí, nadie por allá y hasta luego Mari Carmen.

Dos primos sembrando el terror en la Tate Modern de Londres

  • Debes empezar a asumir que con menos de 4 años, no se acordará ni del nombre de los países a los que ha ido. Héctor ha vivido momentos cumbre como su primera vez en Eurodisney completamente dormido. Ha conocido a Papá Noel y le ha pillado en brazos de Morfeo y ha aterrizado en Dubín pensando que estaba en Berlín. Tranquilo, esto se va pasando con la edad…

Conociendo a Papá Noel en Selfridges

El parque o el campo o cualquier lugar alejado del mundanal ruido en donde tu hijo corra como un vikingo. Esta máxima es aplicable a cualquier país de Europa y es totalmente recomendable si deseas mantener unos estándares de higiene mental aceptables.

En el bosque en Frederizia (Dinamarca)

Corriendo en Hillerod (Dinamarca)

En fin amigos, llamadme malamadre pero es lo que hay. Por muy educado que sea tu hijo, en algún momento de las 18 horas que pasáis fuera de casa mientras hacéis turismo, te la va a liar sí o sí.

¿Cuál es el momento “tierra trágame” que has vivido junto a tus hijos en el extranjero?

 

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